16 julio 2013

Ushikawa (en un fragmento)

Este es un fragmento sobre el personaje feo de la novela que estoy leyendo. (1Q84 Libro 3 de Haruki Murakami. )
"El niño feo creció y con el paso del tiempo se convirtió en un chico feo;luego, sin darse cuenta, en un hombre feo de mediana edad. En cualquier etapa de su vida, la gente con la que se cruzaba se volvía para mirarlo. Los niños se quedaban observando su rostro con descaro. A veces Ushikawa se preguntaba si, cuando se convirtiese en un viejo feo, dejaría de llamar tanto la atención. Dado que, por lo general, los ancianos suelen ser feos, a lo mejor a esa fealdad particular que lo caracterizaba ya no destacaría tanto como en sus años mozos. Pero eso no lo sabría hasta que envejeciera. Tal vez se convertiría en un viejo horripilante, de una fealdad nunca vista. 
Así fue, como sin darse cuenta, adquirió la capacidad de mostrarse escéptico con respecto a si mismo. Y fue comprendiendo que, en muchos casos, las cosas que por lo general se consideraban verdaderas eran realtivas. Algo más aprendió: que lo subjetivo y lo objetivo no son tan fáciles de discernir como suele pensarse y, dado que los separa una frontera muy sutil, pasar deliberadamente de uno a otro no es una operación tan complicada. 
Aquel cabezon deforme se convirtió, más que nada, en un recipiente de valiosa información. Un recipiente no muy agradable a la vista pero muy ventajoso. Gracias a ello, adquirió un saber enciclopédico, más extenso que el de cualquiera de su edad.
A veces se planteaba qué habría sucedido si hubiera nacido con un aspecto un poco más agraciado. Aunque no hubiera sido especialmente guapo. No necesitaba una apariencia deslumbrante. Algo del montón. Un aspecto que no resultase tan horrible como para que la gente se volviera a su paso. << Si hubiera nacido así, que clase de vida llevaría?>> Pero esa era una hipótesis que superaba su imaginación. Ushikawa era mucho Ushikawa, y no había lugar para suposiciones. Gracias a esa cabeza enorme y deforme, los ojos saltones y las piernas cortas y arqueadas como pepinos, Ushikawa existía. Gracias a ello existía un niño que derrochaba ganas de aprender pese a su escepticismo, un niño locuaz pese a su taciturnidad. "

1 comentario:

Cristina Serrano Fernández dijo...

Increible... verás que final... claro que Murakami es una apuesta segura...
tienes baila baila baila?
lo has leido? que te ha parecido?? un besito guapi