20 julio 2011

El Vástago.

He pasado los últimos días leyendo cuentos de Silvina Ocampo, si usted no ha leído nada de ella (cosa que dudo) en este scribd puede encontrar sus cuentos completos.
Este cuento me parece realmente estremecedor...
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I've spent the last few days reading stories of Silvina Ocampo, if you have not read anything about it (which I doubt) this can find their stories Scribd complete.
This story I find really frightening ...

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"Hasta en la manía de poner sobrenombres a las personas, Angel Arturo se parece a Labuelo; fue él quien bautizó a este último y al gato, con el mismo nombre. Labuelo sufrió en carne propia lo que sufrieron otros por culpa de él. A mí me puso Tacho, a mi hermano Pingo y a mi cuñada Chica, para humillarla, pero Angel Arturo lo marcó a él para siempre con el nombrede Labuelo. Este de algun modo proyectó sobre el vástago inocente, rasgos,muecas,personalidad: fue la última y la más perfecta de sus venganzas.
En la casa de la calle Tacuarí vivíamos mi hermano y yo,hasta que fuimos mayores,en una sola habitación. La casa era enorme pero no convenía que ocupáramos, según opinaba Labuelo, distintos dormitorios. Teníamos que estar incómodos para ser hombres. Mi cama, detalle inexplicable, estaba arrimada al ropero. Asimismo nuestra habitación se transformaba,los días de semana en taller de costura de una gitana que reformaba, para nosotros,camisas deformes, y los domingos en depósito de empanadas y pastelitos (que la cocinera, por orden de Labuelo, no nos permitía probar) para regalos de dos o tres señoras del vecindario.
Para mal de mis pecados,yo era zurdo. Cuando en la mano izquierda tomaba el lápiz para escribir, o empuñaba el cuchillo, a la hora de las comidas, para cortar carne,Labuelo me daba una bofetada y me mandaba a la cama sin comer. Llegué a perder dos dientes a fuerza de golpes y, por esa penitencia,a debilitarme tanto, que en verano, con abrigos de invierno,temblaba de frío. Para curarme Labuelo me dejo pasar toda una noche,bajo la lluvia,en camisón, descalzo sobre las baldosas. Si no he muerto es porque Dios es grande o porque somos más fuertes de lo que creemos.
Solo después del casamiento de Arturo (mi hermano), ocupamos,él y yo, diferentes habitaciones. Por una ironía de la suerte lograba con mi desdicha lo que tanto había esperado:un cuarto propio. Arturo ocupó una habitación, en los fondos más inhospitalarios de la casa, con su mujer (se me hiela la sangre cuando lo digo, como si no me hubiera habituado) y yo, otra que daba, con sus balcones de estuco y de mármol, a la calle. Por razones misteriosas, no se podía entrar en cuarto de baño que estaba junto a mi dormitorio; en consecuencia, yo tenía que atravesar, para ir al baño, dos patios. Por culpa de esas manías, para no helarme de frío en invierno o para no pasar junto a la habitación de mi hermano casado,orinando o jabonándome las orejas, las manos o los pies debajo del grifo, queme dos plantas de jazmines que nadie regaba,salvo yo.

Pero volveré a recordar mi infancia, que si no fue alegre, fue menos sombría que mi pubertad. Durante mucho tiempo creyeron que Labuelo era portero de la casa. A los siete años yo mismo lo creía. En la entrada lujosa, con puerta cancel,donde brillaban vidrios azules como zafiros y rojos como rubíes, un hombre, sentado en una silla de Viena, leyendo siempre algún diario, en mangas de camisa y pantalón de fantasía raído, no podía ser sino el portero. Labuelo vivía sentado en aquel zaguán, para impedirnos salir, o para fiscalizar el motivo de nuestras salidas. Lo peor de todo es que dormía con los ojos abiertos: aun roncando, sumido en el más profundo de los sueños, veía lo que hacíamos o lo que hacían las moscas, a su alrededor. Burlarlo era difícil, por no decir imposible. A veces nos escapábamos por el balcón."

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Si tienes curiosidad por conocer el final, lee el scribd (página 110), creeme, se pone mucho mejor !

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